Borocotó y la nueva política
24-11-2005 23:10:19
Por Dr. Gustavo Aramburu, desde Capital Federal
En los últimos años, la Argentina ha contribuido con nuevos vocablos a la ciencia política, así incorporamos el cacerolazo, la menemización, la tinelización, el progresismo made in Varela Varelita, hasta llegar a uno muy novedoso: la BOROCOTIZACIÓN. Podría decirse que es la tendencia de determinados dirigentes políticos a una inmediata conversión al oficialismo, echando por la borda, vidas políticas pasadas, tradiciones, voluntad popular, etc.
Cierto es que esta tendencia no es patrimonio exclusivo del mediático pediatra, quizás si bien se trata de un caso realmente paradigmático, lo cierto es que el saltimbanquismo hace que radicales, ex cavallistas, ex menemistas, ex duhaldistas, se arrastren por un rato de sol en el universo K.
Desde la obra pública hasta el simple conchabo salvador, sirve de precio de compra de voluntades, que además tienen la pasión de los conversos al tiempo de defender las posturas oficiales.
Se habla de una nueva composición política, mas allá de las caducas estructuras partidarias, entre una centroizquierda o progresismo encarnado por el Presidente y una centroderecha bastante demodé. Así las cosas se establecen comparaciones con la experiencia chilena, la italiana, etc.
En realidad los sueños del presidente son más cercanos a su par y amigo venezolano, un partido único y hegemónico de espíritu movimientista contra la corporación política que gobernó antes que él. La dudosa calidad institucional venezolana nada tiene que ver ni con el Chile de Lagos ni con la realidad italiana. Habría que contarle a quienes proponen esta comparación que en Chile o en Italia, los históricos partidos políticos aun renovados siguen vigentes.
Quizás el mejor ejemplo de la borocotizacion sea el propio jefe de gabinete, de joven nacionalista, devenido menemista, duhaldista, cavallista y finalmente pingüino adoptivo, quizás nos esté preparando un novedoso reencuentro. ¿Será con su compañera de lista Elena Cruz?, seguro que con ella este progresismo trucho y falaz pueda convivir de perillas y seguir propalando a los cuatro vientos que son la nueva política.
Sería bueno que frente a esto, quienes pertenecen al partido más antiguo de la Argentina, frente a la tentación K y muchas veces razonablemente desorientados, huérfanos de liderazgo y sin fuerzas recordemos dos frases de Don Ricardo BALBIN:
-Como no somos egoístas, y como tenemos rotos los relojes y los almanaques, yo he dicho esto que repetiré en todas partes: ¡el radicalismo debe al país una revolución social, la realización total de su programa!
-Nosotros estamos trabajando para el porvenir y hemos renunciado a nuestra comodidad personal. ¡Nosotros tenemos sentido de futuro, no barriga de presente!
En los últimos años, la Argentina ha contribuido con nuevos vocablos a la ciencia política, así incorporamos el cacerolazo, la menemización, la tinelización, el progresismo made in Varela Varelita, hasta llegar a uno muy novedoso: la BOROCOTIZACIÓN. Podría decirse que es la tendencia de determinados dirigentes políticos a una inmediata conversión al oficialismo, echando por la borda, vidas políticas pasadas, tradiciones, voluntad popular, etc.
Cierto es que esta tendencia no es patrimonio exclusivo del mediático pediatra, quizás si bien se trata de un caso realmente paradigmático, lo cierto es que el saltimbanquismo hace que radicales, ex cavallistas, ex menemistas, ex duhaldistas, se arrastren por un rato de sol en el universo K.
Desde la obra pública hasta el simple conchabo salvador, sirve de precio de compra de voluntades, que además tienen la pasión de los conversos al tiempo de defender las posturas oficiales.
Se habla de una nueva composición política, mas allá de las caducas estructuras partidarias, entre una centroizquierda o progresismo encarnado por el Presidente y una centroderecha bastante demodé. Así las cosas se establecen comparaciones con la experiencia chilena, la italiana, etc.
En realidad los sueños del presidente son más cercanos a su par y amigo venezolano, un partido único y hegemónico de espíritu movimientista contra la corporación política que gobernó antes que él. La dudosa calidad institucional venezolana nada tiene que ver ni con el Chile de Lagos ni con la realidad italiana. Habría que contarle a quienes proponen esta comparación que en Chile o en Italia, los históricos partidos políticos aun renovados siguen vigentes.
Quizás el mejor ejemplo de la borocotizacion sea el propio jefe de gabinete, de joven nacionalista, devenido menemista, duhaldista, cavallista y finalmente pingüino adoptivo, quizás nos esté preparando un novedoso reencuentro. ¿Será con su compañera de lista Elena Cruz?, seguro que con ella este progresismo trucho y falaz pueda convivir de perillas y seguir propalando a los cuatro vientos que son la nueva política.
Sería bueno que frente a esto, quienes pertenecen al partido más antiguo de la Argentina, frente a la tentación K y muchas veces razonablemente desorientados, huérfanos de liderazgo y sin fuerzas recordemos dos frases de Don Ricardo BALBIN:
-Como no somos egoístas, y como tenemos rotos los relojes y los almanaques, yo he dicho esto que repetiré en todas partes: ¡el radicalismo debe al país una revolución social, la realización total de su programa!
-Nosotros estamos trabajando para el porvenir y hemos renunciado a nuestra comodidad personal. ¡Nosotros tenemos sentido de futuro, no barriga de presente!
Categoría: Política-Opinión 0 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
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