EL JEFE DE GABINETE Y EL ANÁLISIS DE DISCURSO
03-01-2006 23:54:50
Por: Dr. Juan Carlos Beraza
taloberaza@yahoo.com.ar
Días pasados el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al rechazar las críticas de la oposición sobre la reforma al funcionamiento del Consejo de la Magistratura, lamentaba que el gobierno “tenga que convivir con una oposición muy debilitada, muy atomizada y sin destino”. Agregó además que “la hegemonía es una de las conductas impropias para la República, que no tiene nada que ver con este gobierno”. (La Nación, 31/12/05, pag. 11)
De la lectura de los dichos del funcionario podríamos concluir entonces en dos aseveraciones muy claras y contundentes.
Con respecto a la primera de ellas, reconozcamos la razón que asiste a su análisis: para la existencia plena de una democracia republicana con instituciones vigorosas, la oposición debiera ser fuerte, sólida e indicar un camino del cual el gobierno no debiera apartarse al hallarse en el manejo de la “cosa pública”. Por diferentes motivos esta es una deuda que aún tenemos con la sociedad y de nada vale seguir considerándonos indefensas víctimas, distribuyendo culpas en los demás, mientras no seamos capaces de articular espacios y hechos políticos concretos en procura de la misión que nos corresponde.
Ahora bien, dicho esto, y sin expiar culpas propias, analicemos nuevamente las declaraciones del Jefe de Gabinete.
En nuestro “bendito” sistema educativo aún a fines del siglo pasado, desconozco si continúa en la misma dirección, se nos enseñaba como verdad revelada, a realizar el análisis sintáctico de oraciones (sujeto y predicado) como estructuras autónomas, como un texto completo en sí mismo... es decir, aquello que un gran lingüista como Saussure había impuesto desde el estructuralismo como “ análisis gramatical”. (¿Por qué nos sería enseñada esa única manera parcelada y fragmentada de analizar un texto?)
Felizmente, para ese entonces, ya otras escuelas (las cuales en nuestro país recién comenzaron a ser enseñadas y estudiadas después del año 83), habían introducido otras categorías en el análisis lingüístico y por caso, el “pragmatismo” introdujo la categoría de “contexto”, es decir que no solamente importaba la pura secuencia emitida sino también la situación concreta que rodeaba la misma. También se podría hablar desde otras ópticas “condiciones de producción del discurso” y demás dimensiones... resumiendo, dado que lo pretendido es poner el acento de concepciones políticas, las declaraciones de Alberto Fernández deben “contextualizarse” y por ello resulta imprescindible examinar bajo la lupa del análisis discursivo al emisor de la misma y la situación en que estas se producen.
En este caso, si bien su lamento pareciera un reclamo a la oposición por el bien de la República, la realidad es, que dista bastante de lo actuado hasta estos días por quien lo produjo. Este emisor es el mismo que se encarga a diario, cual “Cerbero K”, de relativizar cada crítica opositora; es el mismo quien se ocupa personalmente de callar cualquier posición que los medios expresen contraria a sus intereses, levantando un teléfono o haciendo público su enojo; es el mismo que prometió una cantidad de legisladores por la Capital a su amo para vanagloriarse luego de haber cumplido su compromiso a costa de “ debilitar y atomizar a la oposición” llevando a Borocotó a sus filas, (sin siquiera recordar que éste fue compañero de fórmula de quien hoy no merece siquiera el purgatorio: Luis Patti); es quien regulando a su antojo la canilla de fondos a las provincias o intendencias con dirigentes de signo opositor de acuerdo a su circunstancial cercanía o lejanía con el gobierno; es ni más ni menos quien encabeza todo operativo, hecho o acontecimiento político que trate de profundizar lo que llama “debilitar, atomizar, dejar sin destino a la oposición”.
Esto ya nos da un matiz diferente, ahora la construcción pareciera ser: “Por el bien de la República no debiera ser esta la oposición, así actúo, por ende..., no persigo el bien de la República ni de sus instituciones.”
A la luz de este análisis, el de su segunda frase es mucho más sencillo y quizá sólo habría que mencionar alguna variable psicoanalítica lacaniana dada la elección de la secuencia discursiva: dijo...“la hegemonía es una de las conductas impropias para la República, que no tiene nada que ver con este gobierno”. Queda bien claro... la República es lo que no tiene nada que ver con este gobierno, precisamente.
taloberaza@yahoo.com.ar
Días pasados el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, al rechazar las críticas de la oposición sobre la reforma al funcionamiento del Consejo de la Magistratura, lamentaba que el gobierno “tenga que convivir con una oposición muy debilitada, muy atomizada y sin destino”. Agregó además que “la hegemonía es una de las conductas impropias para la República, que no tiene nada que ver con este gobierno”. (La Nación, 31/12/05, pag. 11)
De la lectura de los dichos del funcionario podríamos concluir entonces en dos aseveraciones muy claras y contundentes.
Con respecto a la primera de ellas, reconozcamos la razón que asiste a su análisis: para la existencia plena de una democracia republicana con instituciones vigorosas, la oposición debiera ser fuerte, sólida e indicar un camino del cual el gobierno no debiera apartarse al hallarse en el manejo de la “cosa pública”. Por diferentes motivos esta es una deuda que aún tenemos con la sociedad y de nada vale seguir considerándonos indefensas víctimas, distribuyendo culpas en los demás, mientras no seamos capaces de articular espacios y hechos políticos concretos en procura de la misión que nos corresponde.
Ahora bien, dicho esto, y sin expiar culpas propias, analicemos nuevamente las declaraciones del Jefe de Gabinete.
En nuestro “bendito” sistema educativo aún a fines del siglo pasado, desconozco si continúa en la misma dirección, se nos enseñaba como verdad revelada, a realizar el análisis sintáctico de oraciones (sujeto y predicado) como estructuras autónomas, como un texto completo en sí mismo... es decir, aquello que un gran lingüista como Saussure había impuesto desde el estructuralismo como “ análisis gramatical”. (¿Por qué nos sería enseñada esa única manera parcelada y fragmentada de analizar un texto?)
Felizmente, para ese entonces, ya otras escuelas (las cuales en nuestro país recién comenzaron a ser enseñadas y estudiadas después del año 83), habían introducido otras categorías en el análisis lingüístico y por caso, el “pragmatismo” introdujo la categoría de “contexto”, es decir que no solamente importaba la pura secuencia emitida sino también la situación concreta que rodeaba la misma. También se podría hablar desde otras ópticas “condiciones de producción del discurso” y demás dimensiones... resumiendo, dado que lo pretendido es poner el acento de concepciones políticas, las declaraciones de Alberto Fernández deben “contextualizarse” y por ello resulta imprescindible examinar bajo la lupa del análisis discursivo al emisor de la misma y la situación en que estas se producen.
En este caso, si bien su lamento pareciera un reclamo a la oposición por el bien de la República, la realidad es, que dista bastante de lo actuado hasta estos días por quien lo produjo. Este emisor es el mismo que se encarga a diario, cual “Cerbero K”, de relativizar cada crítica opositora; es el mismo quien se ocupa personalmente de callar cualquier posición que los medios expresen contraria a sus intereses, levantando un teléfono o haciendo público su enojo; es el mismo que prometió una cantidad de legisladores por la Capital a su amo para vanagloriarse luego de haber cumplido su compromiso a costa de “ debilitar y atomizar a la oposición” llevando a Borocotó a sus filas, (sin siquiera recordar que éste fue compañero de fórmula de quien hoy no merece siquiera el purgatorio: Luis Patti); es quien regulando a su antojo la canilla de fondos a las provincias o intendencias con dirigentes de signo opositor de acuerdo a su circunstancial cercanía o lejanía con el gobierno; es ni más ni menos quien encabeza todo operativo, hecho o acontecimiento político que trate de profundizar lo que llama “debilitar, atomizar, dejar sin destino a la oposición”.
Esto ya nos da un matiz diferente, ahora la construcción pareciera ser: “Por el bien de la República no debiera ser esta la oposición, así actúo, por ende..., no persigo el bien de la República ni de sus instituciones.”
A la luz de este análisis, el de su segunda frase es mucho más sencillo y quizá sólo habría que mencionar alguna variable psicoanalítica lacaniana dada la elección de la secuencia discursiva: dijo...“la hegemonía es una de las conductas impropias para la República, que no tiene nada que ver con este gobierno”. Queda bien claro... la República es lo que no tiene nada que ver con este gobierno, precisamente.
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